lunes, 26 de julio de 2010

De los prejuicios ...

¡Hola de nuevo!

He vuelto con un tema que nos implica a todos, el viejo e incómodo tema de los prejuicios. Y es que los hay por doquier. Sin ir más lejos, ayer mismo tuve unos terribles prejuicios acerca de alguien a quien no conozco. Pero igual que los que los confesamos, los que no lo hacen también los tienen, les sea fácil o no admitirlo. Pero, ¿cómo surgen? ¿De qué se nutren? Bueno, eso depende de la persona que los tiene. Podrían engendrarse en una mente no abierta por ignorancia, estrechez mental, envidia ... Éstas no son precisamente cualidades positivas, lo sé.

Mi libro favorito es "Orgullo y Prejuicios" de Jane Austen. Los temas que toca la autora en esta novela son actuales también hoy en día. No puedo dejar de verlos muy interrelacionados. Cuanto más orgullo propio tiene una persona, tanto más tiende a menospreciar a los demás. Y menospreciando a los demás es una forma bastante frecuente de formarse uno prejuicios acerca de los que le rodean.

Pero más que analizar la naturaleza de este fenómeno tan humano, lo que pretendo es ofrecer una crítica al asunto, mostrar mi inconformismo, por así decirlo. Y, en efecto, si tener prejuicios nos hace humanos, reprimirlos en su etapa de desarrollo nos hace más humanos todavía.

Cada persona dice o hace cosas que podrían resultar extrañas, molestas, incomprensibles, e incluso prohibidas, pero no por ello debemos creer estar en posición de criticar, de valorar, de juzgar, en definitiva. Porque cada persona es un mundo. Y detrás de cada uno hay una historia que contar. Igual que las monedas tienen dos caras, los hechos tienen dos formas de ser contados: la del protagonista y la de los demás. Seguro que si buscamos bien encontraremos algo que excuse lo que de mala manera juzgamos. Porque no todos los prejuicios se hacen acerca de personas desaprobables que no merecen un juicio justo y absolutorio. Porque aunque la ignorancia, la envidia y la rabia, como fuentes de hechos que provacan prejuicios, sean reprobables, la miseria, el miedo y la pobreza de espíritu no lo son.

Y si queremos juzgar debemos saber que no es fácil la tarea del juzgador. Para juzgar a alguien, éste tiene que conocerle y conocer sus motivos para hacer lo que hizo. Porque tener prejuicios significa hacer juicios de valor acerca de algo sin tener los conocimientos previos necesarios para poderlo hacer de forma objetiva y justa, según el derecho natural.

No podemos dejarnos llevar por esos negativos juicios de valor que emitimos sin estar en posición de un juzgador objetivo y cualificado. Y esto es muy difícil de conseguir. Porque, al fin y al cabo, sólo somos humanos. Por ello, ¡abstenganse de "prejuzgar" aquellos que saben que no tienen derecho a hacerlo! ¡No podemos juzgar a alguien sin haber estado en sus zapatos!

Siempre es mejor conocer a la persona antes de tacharla de lo que sea. Darle una oportunidad a alguien es una acción humana, acorde con el iusnaturalismo. Pensad en todas aquellas personas de las que tuvisteis prejuicios y que ahora consideráis amigos. Ahora pensad en lo que habría pasado de no haber podido superar vuestros prejuicios hacia ellos. Los habríais ignorado,verdad? Será verdad que se pierde mucho con los prejuicios...

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