martes, 18 de mayo de 2010

De los deseos, la suerte y las falsas creencias


Este finde estuve en Sofía con una amiga y mientras paseábamos por las calles de la ciudad admirando las bellezas de lo que antaño (y muy equivocadamente) nos había parecido un pueblo transilvano, nos encontramos delante de la Iglesia Rusa – un edificio viejo y muy bonito, construido en el típico estilo ortodoxo del este, lugar de interés para los turistas. Hicimos las fotos obligatorias, pusimos las caras pertinentes en las mismas, intercambiamos „sabias“ opiniones acerca del objeto de nuestro interés y, justo cuando nos disponíamos a irnos, topamos con un huevo del tamaño del pollo amarillo del Barrio Sésamo, pintado cual huevo de Pascua y adornado con un letrero que decía en dos idiomas: „El Huevo de la Felicidad“. Y debajo, „Toca el huevo y pide un deseo“. ¡Y nos lanzamos a por él!
A pesar de no ser supersticiosa y de no dar mucho crédito a esas falsas creencias que gente retorcida y cruel inventa para hacer más difícil la vida de otra gente mucho más retorcida (aunque en el buen sentido), pero indudablemente menos cruel, me acerqué al huevo y me hice una foto con él tocándolo suavemente, como una señorita que soy. Siempre lo hago, por si acaso. Igual que cumplo los cánones de los mandamientos supersticiosos, ya sabéis, por si las moscas ...Y aquí me surge una duda trascendental: ¿Será que soy una supersticiosa y una creyente (en la buena suerte y esas cosas, no me meto aquí en el profundo tema de la religión) encubierta, o es que, simplemente, soy una tonta más del montón que no tiene más criterio y más voluntad que seguir las tonterías ajenas cual mandamientos de Dios? Porque si cumples „por si acaso“ significa que el „rito“ en cuestión te inculca, si no miedo, al menos respeto. Y si respetas algo así, será que crees en ello, ¿no?
Y claro, puestos en un momento así, nos preguntamos, frenéticos, „¿Qué pido?“. Porque aunque no creamos y aunque haga mucho tiempo desde la última vez que dirigimos un deseo sincero al Dios en el que creemos, de repente, ese Huevo nos parece bastante fiable y sentimos que podemos confiarle hasta nuestros secretos más íntimos. Y la situación se vuelve de vital importancia.
En mi cabeza nació una tormenta de ideas que volaban alrededor sin paradero establecido y chocaban contra la pared interna del cráneo, confundiéndome hasta el punto de la histeria. Y volaron las preguntas superficiales que tan profundas me parecían en aquel momento, por culpa de mi mente entumecida: ¿Pido algo concreto?, ¿Tal vez un portátil? No. Un objeto no, que es de materialistas y no le gustará al Huevo. Tiene que ser algo sincero, algo humano. Y en este momento crucial nos acordamos de nuestra condición de personas humanas y decidimos explorar más hondo en búsqueda de la humanidad perdida. ¿Y ahora qué? ¿Salud? ¿Amor? ¿Dinero? Yo salí astuta y pensé: „Es el huevo de la felicidad. Le pido que me traiga felicidad (en ella ya van incluidos todos lo elementos de menor rango que la componen)“. Y como me pareció un deseo bastante grande, también me pareció que un simple toque no era suficiente y abracé al Huevo con todas mis fuerzas.
El Huevo no me rechazó, no tenía a dónde ir. Mucho después, cuando miraba las fotos que nos hicimos aquella soleada mañana en Sofía, llegué a las dos fotos que me hice con él. Y, a pesar de no ser muy fotogénica, constaté que había salido muy bien en las dos. Tenía la cara radiante, sincera. En aquel momento era feliz. Pensé en el papel que desempeña aquél triste Huevo anclado en medio de la ciudad como un imán para los turistas y los creyentes que antes habría tachado de descerebrados. Y me dí cuenta de que no era triste, sino feliz. Porque todos los días es testigo de algo que ya no se ve: personas que se sinceran consigo mismas, gente que deja a un lado los problemas cotidianos y se ahonda en sus sentimientos para desenterrar principios valerosos e ideales algo abandonados. Y, por un momento, movidos por la fuerza mágica de la esperanza que posee un Huevo gigantón, volvemos a ser personas y compartimos tales emociones con este Huevo que nos escucha. Y nos trae felicidad.
Porque de tantas hostias que nos da la vida nos volvemos pesimistas y cerrados y dejamos de creer en la Esperanza. Metidos de lleno en la miseria personal, creyendo que la Esperanza lleva nombre de mujer, nos olvidamos de que ésta puede venir disfrazada de cualquier cosa. Incluso de un enorme Huevo de Pascuas.

domingo, 9 de mayo de 2010

Sangre Fresca ...


"True Blood" o "Sangre Fresca" es la nueva serie de HBO sobre vampiros. No voy a entrar en detalles sobre porqué me gusta, ya que el gusto de cada uno es algo muy personal y, por otra parte, no tiene sentido hacer publicidad de una serie que ni la necesita ni me paga por hacerlo. La he mencionado porque es otra (la última, en el sentido de nueva) producción que trata sobre vampiros - esas emocionantes, aunque también temibles, criaturas de la noche. La serie me ha hecho disfrutar como hacía tiempo que no lo hacía, pero también me ha hecho reflexionar sobre temas bastante más profundos que los que el guión sugiere.
Me he dado cuenta de que, a pesar de todos mis principios morales y de mi educación (aunque algo frustrada) en los cánones ortodoxos, me resultan muy atractivas las figuras de los vampiros, en concreto de los dos vampiros protagonistas: Bill y Eric. Ha sido un descubrimiento íntimo bastante impactante y, en cierto sentido, revelador. Al principio pensé, metida de lleno en la serie como estaba, que se trataba más bien de la típica sensación de atracción que experimentamos la mayoría de las mujeres al ver una cara bonita en la tele. Y es cierto que ambos actores no están nada mal físicamente. Pero hace algunos días que acabé de ver la segunda temporada y desde entonces, aun sin seguir viéndola, me siento atrapada dentro de la densa red de emociones que crean y tan bien exteriorizan los dos protagonistas (me sigo refiriendo a los dos vampiros en cuestión).
Por un lado está Bill - bueno, agradable, atento, cariñoso, fiel, protector ... es el perfecto caballero. Ésto, combinado con su cara hermosa y la manifiesta tristeza que le abruma en todo momento, hace que sea un personaje irresistible y querido. No sé qué nos pasa a las chicas, que siempre nos resultan tan irresistibles los hombres que viven atormentados, los que sufren por amor; a mí al menos me dan ganas de querer curar sus heridas emocionales. ¿Será una desviación un tanto depravada (aunque en el buen sentido) de nuestro instinto maternal, ese que nos hace cuidar de las personas y querer complacerlas y salvarlas de todo sufrimiento? Me niego a pensar que una cosa tan natural como el instinto de ser madre que cada mujer lleva dentro por razones biológicas ajenas a su voluntad más inmediata podría tener algo que ver con el insano anhelo de emparejarnos con hombres abrumados por problemas íntimos sin resolución clara a la vista. Aun así y, a pesar de todo, a mí, al menos, me resulta encantador el sufrimiento por amor que un hombre pudiera experimentar. Supongo que mi fascinación reside en la infinita belleza del contraste surgido entre la dura coraza exterior de la que se sirve el hombre para protegerse de los peligros emocionales del mundo exterior y su tierna alma, tan bien escondida en la fortaleza de su pretendida virilidad. (¡En cada momento estoy hablando de un determinado tipo de hombres, no pretendo afirmar que cada hombre tiene un alma dentro de la coraza!)
Pero pasemos a Eric: Él es todo lo contrario a Bill. Es un hombre milenario (mientras que Bill sólo tiene 170 años), imponente y salvaje, a veces incluso cruel, brusco y sin escrúpulos que toma de la vida (y de los humanos) lo que le apetezca y cuando le apetezca. Además, es guapísimo, alto y ancho de hombros, rubio y de ojos azules (aunque las dos últimos no son cánones de belleza imprescindibles, al menos a mi juicio). Pero hay algo más en Eric que llama la atención y es su humanidad que a pesar de todas sus vivencias de vampiro ha podido conservar y que tan desesperadamente intenta ocultar detrás de su "fresca" manera de ser. Y hay otra cosa que a mí personalmente me desborda y es su forma de hablar, de moverse, de hacer notar su presencia. Es un hombre poderoso, inteligente, astuto, imponente, que siempre sabe lo que quiere y encuentra la forma adecuada para conseguirlo. Hombre de pocas palabras, no necesita alardear de lo que es. Muy seguro de si mismo, parece que no hay nada que pudiera inmutarle o alterar su paz interior, salvo, probablemente, algún problema sentimental de índole amorosa. Es justo el tipo de hombre que yo necesito, alguien capaz de hacerme tomar una decisión (algo que tanto me cuesta) y hacerme sentir que yo he sido la única que la ha tomado; alguien que sepa darme en cada momento el leve empujoncito que necesite, lo suficientemente hábil para que yo no me percate. En definitiva, un hombre que sepa siempre lo que quiero y lo que necesito (ya que yo raras veces lo sé) y que siempre se adelante a mis deseos y necesidades. O como decía una amiga, que me traiga un vaso de agua antes de que me haya dado cuenta de estar sedienta.
Estos dos personajes, por desgracia, no existen en la vida real. De aquí sacamos dos conclusiones muy importantes: Primero, que las mejores figuras literarias y cinematográficas que responden a ese perfil de vampiro atormentado son siempre fruto de "enfermas" mentes femeninas, retorcidas por la enorme desolación que les produce la idea de no poder encontrar al hombre "perfecto". La segunda, que esos hombres "perfectos" no existen en la vida real porque, mientras que los vampiros tienen, supuestamente, muchos siglos para desarrollarse y llegar a ser lo que son, los hombres en la vida real raras veces superan los cien años y puesto que tardan mucho en evolucionar (mucho más que las mujeres, desde luego) y tampoco se toman excesivas molestias en intentar mejorar los numerosos aspectos de su personalidad que piden a gritos una renovación, casi nunca llegan a crecer lo suficiente para desplegar toda la capacidad de sus emociones, a madurar del todo, en definitiva.
Por último, voy a hacer una confesión: Mientras cavilaba acerca de qué es lo que tanto me agrada de los vampiros, me dí cuenta de que es esa mezcla explosiva de bestia-hombre, el contraste entre el corazón tierno y humano y la naturaleza de depredador lo que más me seduce y me incita a fantasear con las cualidades de un posible prototipo de mi hombre ideal: salvaje, indomable, de poder, seguro de si mismo hasta el punto de no querer alardear, presumir o vanagloriarse, que diga lo justo y en el tiempo justo, que sea malo con los demás (no conmigo, por supuesto) fiel a sus instintos, que no le importe lo que piensen los demás, que sea arogante, inaccesible y misterioso, todo lo cual me convertiría en su único refugio, en alguien realmente especial a quien ha descubierto su frágil corazón.
¿Tendrá mi invalidez emocional algo que ver con el hecho de que no existe tal ser en la Tierra o, simplemente, se debe al desdoblamiento de mi voluntad, ya que la razón me dicta no buscar lo que mi sensualidad desea?

sábado, 8 de mayo de 2010

Primer mensaje. Estoy perdida ...


Hola de nuevo,


Éste va a ser mi primera entrada. Me tomé mi tiempo para refleccionar acerca de cómo debería ser este mensaje. Y la verdad es que estoy perdida ... Hace mucho tiempo que quiero crear un blog. Siempre me ha parecido que tengo mucho que decir (no necesariamente valioso, pero, en fin ...). En este momento, sin embargo, tengo la mente en blanco y es como si no se me ocurriera nada bueno que soltar. Por ello, en vez de retroceder en el tiempo y remontarme a los orígenes de este deseo de exhibicionismo intelectual, he decidido ir al día y contar lo que me apetezca en cada momento. Ya tendré tiempo (y ganas) de sacar los trapos sucios del pasado y ponerlos a la luz del día ...

Y bien, lo que ocupa mi mente en estos momentos es mi próximo viaje a Bulgaria, donde asistiré al concierto de AC/DC. No creais que viajo mucho. Tal y como lo he dicho, parezco una bohemia que toma lo suyo de la vida ... Pues no es así. Y no por no querer serlo, sino por culpa de la miserable situación derivada del capitalismo explotador de almas proletarias que reina por doquier. Es decir, porque soy pobre. Bueno, pobre sí, pero no de espíritu.

Como estaba diciendo, me voy este jueves. Y no sé si alegrarme o sentir miedo. No me da miedo volar, no es eso ... Es que un viaje a donde empezó todo no es precisamente claro y alegre para alguien sin raíces. En mi tierra suelen decir "árbol sin raíces, no es un árbol" o "la piedra pesa en su lugar". Y yo digo, si el árbol sin raíces no es un árbol, ¿qué c*** soy yo entonces? Y "la piedra pesa en su lugar": muy bien, yo ...pesar, peso ... y tanto, pero ¿existe de verdad un lugar que nos hace pesar más (o menos)? ¿Cuál sería?

Volviendo al viaje, me acuerdo de otro dicho que he oído decir por ahí: "El hombre es hombre cuando está de viaje" o algo por el estilo. Y es que no importa de dónde partimos ni a dónde vamos. Lo que de verdad interesa es el viaje y si hemos sido felices por el camino. Qué filosófica me he puesto hoy... Para salir de estos clichés tan gastados, me voy a tomar este viaje como lo que es: una escapada en época de exámenes.

He ido a un par de conciertos, pero siempre han sido pequeños eventos o "pequeños" artistas. Éste, sin embargo, va a ser de verdad. Pensad en todas aquellas imágenes de estadios llenos de gente saltando y gritando, escenarios enormes y rock dinosaurios saltando con frenesí sujetando una guitarra eléctrica o un micro que salen en la tele cada vez que anuncian el gran concierto de turno... ¡Qué ilusión!

No he terminado, pero lo dejo aquí. He puesto la música alta y me apetece saltar.


¡Hasta pronto!



viernes, 7 de mayo de 2010

Mensaje de Bienvenida

Hola a todos,

Gracias por leer mi blog, por visitarlo o (para qué engañarnos) por entrar sin querer mientras intentabais entrar en otro sitio web... Ya que estáis, echad un vistazo. Puede que consiga interesaros ... Os relato muy brevemente de qué va todo esto: soy una inconformista ejemplar y como tal, escribiré sobre todo aquello con lo que no estoy conforme, lo que me disgusta, lo que me intriga, lo que me interesa vivamente ...creo que ya os hacéis una idea ...También os hablaré de mis aficiones, de mis sueños, de mis expectativas. Comentaré las películas y libros que merezcan la pena ser comentados. En definitiva, hablaré de lo que me dé la gana. Pero, sobre todo, ofreceré al mundo mis feroces y no del todo constructivas críticas al mundo que nos rodea. ¡Espero que os guste!