Este finde estuve en Sofía con una amiga y mientras paseábamos por las calles de la ciudad admirando las bellezas de lo que antaño (y muy equivocadamente) nos había parecido un pueblo transilvano, nos encontramos delante de la Iglesia Rusa – un edificio viejo y muy bonito, construido en el típico estilo ortodoxo del este, lugar de interés para los turistas. Hicimos las fotos obligatorias, pusimos las caras pertinentes en las mismas, intercambiamos „sabias“ opiniones acerca del objeto de nuestro interés y, justo cuando nos disponíamos a irnos, topamos con un huevo del tamaño del pollo amarillo del Barrio Sésamo, pintado cual huevo de Pascua y adornado con un letrero que decía en dos idiomas: „El Huevo de la Felicidad“. Y debajo, „Toca el huevo y pide un deseo“. ¡Y nos lanzamos a por él!
A pesar de no ser supersticiosa y de no dar mucho crédito a esas falsas creencias que gente retorcida y cruel inventa para hacer más difícil la vida de otra gente mucho más retorcida (aunque en el buen sentido), pero indudablemente menos cruel, me acerqué al huevo y me hice una foto con él tocándolo suavemente, como una señorita que soy. Siempre lo hago, por si acaso. Igual que cumplo los cánones de los mandamientos supersticiosos, ya sabéis, por si las moscas ...Y aquí me surge una duda trascendental: ¿Será que soy una supersticiosa y una creyente (en la buena suerte y esas cosas, no me meto aquí en el profundo tema de la religión) encubierta, o es que, simplemente, soy una tonta más del montón que no tiene más criterio y más voluntad que seguir las tonterías ajenas cual mandamientos de Dios? Porque si cumples „por si acaso“ significa que el „rito“ en cuestión te inculca, si no miedo, al menos respeto. Y si respetas algo así, será que crees en ello, ¿no?
Y claro, puestos en un momento así, nos preguntamos, frenéticos, „¿Qué pido?“. Porque aunque no creamos y aunque haga mucho tiempo desde la última vez que dirigimos un deseo sincero al Dios en el que creemos, de repente, ese Huevo nos parece bastante fiable y sentimos que podemos confiarle hasta nuestros secretos más íntimos. Y la situación se vuelve de vital importancia.
En mi cabeza nació una tormenta de ideas que volaban alrededor sin paradero establecido y chocaban contra la pared interna del cráneo, confundiéndome hasta el punto de la histeria. Y volaron las preguntas superficiales que tan profundas me parecían en aquel momento, por culpa de mi mente entumecida: ¿Pido algo concreto?, ¿Tal vez un portátil? No. Un objeto no, que es de materialistas y no le gustará al Huevo. Tiene que ser algo sincero, algo humano. Y en este momento crucial nos acordamos de nuestra condición de personas humanas y decidimos explorar más hondo en búsqueda de la humanidad perdida. ¿Y ahora qué? ¿Salud? ¿Amor? ¿Dinero? Yo salí astuta y pensé: „Es el huevo de la felicidad. Le pido que me traiga felicidad (en ella ya van incluidos todos lo elementos de menor rango que la componen)“. Y como me pareció un deseo bastante grande, también me pareció que un simple toque no era suficiente y abracé al Huevo con todas mis fuerzas.
El Huevo no me rechazó, no tenía a dónde ir. Mucho después, cuando miraba las fotos que nos hicimos aquella soleada mañana en Sofía, llegué a las dos fotos que me hice con él. Y, a pesar de no ser muy fotogénica, constaté que había salido muy bien en las dos. Tenía la cara radiante, sincera. En aquel momento era feliz. Pensé en el papel que desempeña aquél triste Huevo anclado en medio de la ciudad como un imán para los turistas y los creyentes que antes habría tachado de descerebrados. Y me dí cuenta de que no era triste, sino feliz. Porque todos los días es testigo de algo que ya no se ve: personas que se sinceran consigo mismas, gente que deja a un lado los problemas cotidianos y se ahonda en sus sentimientos para desenterrar principios valerosos e ideales algo abandonados. Y, por un momento, movidos por la fuerza mágica de la esperanza que posee un Huevo gigantón, volvemos a ser personas y compartimos tales emociones con este Huevo que nos escucha. Y nos trae felicidad.
Porque de tantas hostias que nos da la vida nos volvemos pesimistas y cerrados y dejamos de creer en la Esperanza. Metidos de lleno en la miseria personal, creyendo que la Esperanza lleva nombre de mujer, nos olvidamos de que ésta puede venir disfrazada de cualquier cosa. Incluso de un enorme Huevo de Pascuas.
A pesar de no ser supersticiosa y de no dar mucho crédito a esas falsas creencias que gente retorcida y cruel inventa para hacer más difícil la vida de otra gente mucho más retorcida (aunque en el buen sentido), pero indudablemente menos cruel, me acerqué al huevo y me hice una foto con él tocándolo suavemente, como una señorita que soy. Siempre lo hago, por si acaso. Igual que cumplo los cánones de los mandamientos supersticiosos, ya sabéis, por si las moscas ...Y aquí me surge una duda trascendental: ¿Será que soy una supersticiosa y una creyente (en la buena suerte y esas cosas, no me meto aquí en el profundo tema de la religión) encubierta, o es que, simplemente, soy una tonta más del montón que no tiene más criterio y más voluntad que seguir las tonterías ajenas cual mandamientos de Dios? Porque si cumples „por si acaso“ significa que el „rito“ en cuestión te inculca, si no miedo, al menos respeto. Y si respetas algo así, será que crees en ello, ¿no?
Y claro, puestos en un momento así, nos preguntamos, frenéticos, „¿Qué pido?“. Porque aunque no creamos y aunque haga mucho tiempo desde la última vez que dirigimos un deseo sincero al Dios en el que creemos, de repente, ese Huevo nos parece bastante fiable y sentimos que podemos confiarle hasta nuestros secretos más íntimos. Y la situación se vuelve de vital importancia.
En mi cabeza nació una tormenta de ideas que volaban alrededor sin paradero establecido y chocaban contra la pared interna del cráneo, confundiéndome hasta el punto de la histeria. Y volaron las preguntas superficiales que tan profundas me parecían en aquel momento, por culpa de mi mente entumecida: ¿Pido algo concreto?, ¿Tal vez un portátil? No. Un objeto no, que es de materialistas y no le gustará al Huevo. Tiene que ser algo sincero, algo humano. Y en este momento crucial nos acordamos de nuestra condición de personas humanas y decidimos explorar más hondo en búsqueda de la humanidad perdida. ¿Y ahora qué? ¿Salud? ¿Amor? ¿Dinero? Yo salí astuta y pensé: „Es el huevo de la felicidad. Le pido que me traiga felicidad (en ella ya van incluidos todos lo elementos de menor rango que la componen)“. Y como me pareció un deseo bastante grande, también me pareció que un simple toque no era suficiente y abracé al Huevo con todas mis fuerzas.
El Huevo no me rechazó, no tenía a dónde ir. Mucho después, cuando miraba las fotos que nos hicimos aquella soleada mañana en Sofía, llegué a las dos fotos que me hice con él. Y, a pesar de no ser muy fotogénica, constaté que había salido muy bien en las dos. Tenía la cara radiante, sincera. En aquel momento era feliz. Pensé en el papel que desempeña aquél triste Huevo anclado en medio de la ciudad como un imán para los turistas y los creyentes que antes habría tachado de descerebrados. Y me dí cuenta de que no era triste, sino feliz. Porque todos los días es testigo de algo que ya no se ve: personas que se sinceran consigo mismas, gente que deja a un lado los problemas cotidianos y se ahonda en sus sentimientos para desenterrar principios valerosos e ideales algo abandonados. Y, por un momento, movidos por la fuerza mágica de la esperanza que posee un Huevo gigantón, volvemos a ser personas y compartimos tales emociones con este Huevo que nos escucha. Y nos trae felicidad.
Porque de tantas hostias que nos da la vida nos volvemos pesimistas y cerrados y dejamos de creer en la Esperanza. Metidos de lleno en la miseria personal, creyendo que la Esperanza lleva nombre de mujer, nos olvidamos de que ésta puede venir disfrazada de cualquier cosa. Incluso de un enorme Huevo de Pascuas.
Es cierto que por tu cara se te veía feliz.
ResponderEliminarEspero que tu deseo se cumpla... pero no lo digas, ¡que no se cumple! (otra superstición más... jaja)
Un besote.
Sofía.
Hooola Sofiii,
ResponderEliminarQué alegría verte por aquí!!!
Jajajaja, la próxima te hago caso y no lo digo.
Besotessss
ME GUSTA ME GUSTAAA!
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